
ahora reposas arropado con la rojinegra
entre tus amigos, en un teatro convertido en café de tertulia
envuelto en músicas de tango,
un día después de Buenaventura.
Y estarás siempre en mi recuerdo, cuando al recoger un premio en reconocimiento a toda tu vida de actor, finalizaste tus palabras agarrando tus manos por encima de la cabeza con el saludo libertario.

¡Salud y Anarquia Compañero!